miércoles, 5 de enero de 2011

Sin regalo, o casi

No veo la crisis por aquí estos días, se habrá ido a esquiar. Están en lo cierto los que dicen que hay estanflación: la economía está en horas bajas por un lado, pero también hay inflación; o sea, que alguien tiene la pasta, y se la está gastando. Y si no, que se lo pregunten a las dependientas de las tiendas que vi ayer, que tenían cola (de clientela, quiero decir). Aparte de todo el mogollón que había por la calle, había compradores, y tenían que hacer cola para pagar. No se trataba de esperar teniendo delante a dos o tres personas, no, me refiero a hileras de seis para arriba.

Debería haberme comprado algo, pero no hay nada que me eche más para atrás que tener que esperar en una tienda, así que sólo entré en una y salí con las manos vacías. Esto fue en la tienda de ropa mona de casa. En la librería ni entré, visto lo visto, y lo mismo en un par de sitios más. A la vuelta, me echaron la bronca por no volver al menos con una bolsa y un paquete dentro de ella, pero me da igual, lo prefiero a sentirme una tonta integral, porque además no necesito nada, y comprar por comprar es eso, una tontería.

Nada, me quedo con las minucias que me compré en la perfumería la semana pasada, les pongo un lacito y ya tengo al menos un detalle conmigo misma.

***
Aún no es día 6, pero... tengo algunos regalitos que no esperaba, si es que se les puede llamar así:
1) Mi fuerza de voluntad, porque ahora sí, ahora ya he empezado a repasar katas.
2) El descubrimiento de un programa de edición de vídeo gratuito que no me da problemas de formato. Adiós al Sony Vegas, se supone que era bueno, pero me ha dado tantos dolores de cabeza...
3) Espacio en el disco duro. Resulta que tenía una imagen de disco olvidada y fosilizada, y al eliminarla he ganado 4 GB.
4) Derechos sobre un regalo ajeno. Le han regalado a alguien cercano unos dulces que a mí me parecen una pasada, pero da la casualidad de que a él no le gustan, así que fijo que me va a caer una buena parte. No es cualquier cosa, es un producto de marca bastante sibarita que no voy a publicitar, y merece la pena hincarle el diente (no, no son los bombones de la recepción de la Preysler, esos no valen nada).

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