Otra semana laboral de relax, ahora sí que puedo decir que lo ha sido. También he vuelto a comprobar que trabajo más rápido que nadie (y no lo pretendo), pero es lo de siempre: el día que se enteren las jerarquías, no me darán ningún premio, sino que me castigarán con más trabajo que a los demás.
En realidad, debería estar muy contenta, porque ya puedo decir que me he adaptado perfectamente al puesto nuevo, aunque la jefatura sea incompetente. No creo que vaya a tener especiales dificultades en seguir adelante.
Sin embargo, cuando algo va bien, no te preocupes, que Murphy dice que ya habrá algo que se joda por otra parte. Si no es el trabajo, será tu vida personal o tus finanzas, y en este caso, estoy teniendo problemas estúpidos con el dinero. No de escasez, afortunadamente, pero sí de gestión, y me han venido desde fuera. Y no sé si voy a poder solucionarlos; la verdad, cuento con pérdidas. En fin, una putada que no me busqué.
Sigo haciendo listas en papel de lo que va bien cuando las cosas, en general, no van tan bien. Es un modo de ver el lado positivo de la vida, que es tan escaso. Esta semana he apuntado eso, que el trabajo va bien, y también el gimnasio. Me siento recuperada, hasta cierto punto, después de una época de cansancio intenso y poca motivación. Me he visto hasta fuerte y elegante, en algún momento.
Oh, no... me está saliendo un granito.
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