Anoche me fui a la cama con cierto optimismo. Me puse a pensar que la semana que viene no puede ser tan mala como esta, que ahora salgo de un valle y me dirijo hacia un pico. Espero que el ascenso no sea demasiado lento.
Supongo que eso me ha hecho dormir bastante bien, ocho horitas en las que he soñado que iba a un gimnasio desconocido a que me enseñaran otro deporte, algo bastante raro que podía ser lucha, pero en el que había que ponerse un arnés o algo parecido. La lucha entre rocodromistas me parece algo peligrosilla, la verdad, no sé de dónde he sacado esa mezcla. Después, me veía haciendo un examen ante mi sensei, y me daba el cinturón negro, cosa que no puede hacer, porque hay que ir a un tribunal. En fin, los sueños, sueños son.
También estuve pensando que, como ya me he esforzado bastante, voy a dejar de pensar que tengo que aprovechar el tiempo a tope. Si en el trabajo les da igual estos días, a mí más, y en casa, lo mismo. A lo mejor dejo de aburrirme y disfruto del dolce far niente.
Me pregunto cuál de las dos filosofadas me ha ayudado a dormir mejor... si es que es mérito suyo, porque la lluvia también ha hecho ceder al calor y se estaba muy bien en el cuarto. Veremos hoy, trataré de no agobiarme y mañana contaré las horas de sueño.
Hoy, como ayer hice todo lo que había que hacer en casa, no sé qué toca. Supongo que leer el periódico y vaguear. Quedan doce o trece horas de no hacer casi nada. Ehhh... tranqui, no te agobies con eso, ommm....
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