Inesperadamente, ayer me lo pasé bien. Fui (también inesperadamente) de compras, me paré delante de una tienda de ropa y me pasó una cosa que no me había pasado en mucho tiempo: allí tenían justo lo que quería. Me lo compré, claro.
Son extraños esos flechazos, pero cómo se parecen a cuando te gusta mucho alguien. Supongo que las endorfinas pueden ser las mismas. Pero además lo de las tiendas tiene una ventaja: los riesgos de que algo salga mal son menores.
Después tuve una conversación relajada y volví a casa de buen humor. He dormido bien y todo.
Hoy ya no me duran los efectos, es lo que tiene una jornada laboral estresante. Serán los efectos de la crisis, que algunos quieren tapar con un culo dos sillas, y los paganos siempre somos los mismos. Encima, se rumorea una subida de impuestos. La "menestra" ha dicho que no, pero cuando un político, hablando de algo malo, dice que no ocurrirá, en realidad está diciendo que quizá. Es como rebajar un grado: si dice que quizá, quiere decir que sí. ¿Y si dice que sí? Entonces no es un político, decía el chiste.
Total, lo que decía, que tengo demasiado trabajo y ahora mismo estoy reventada, con el cerebro entre nebulosas.
Claro que hay quien está peor; me han llegado noticias de dos compañeros que han pillado la baja por enfermedad, y al parecer no tienen una simple gripe: están jodidillos de verdad. Uno más que otro, pero desde luego no es nada envidiable lo que les pasa a ninguno de los dos.
Qué poco apreciamos la salud cuando la tenemos. Yo, la primera.
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