Definitivamente fue un asco lo de las anginas, pero ahora que se ha vuelto a instalar la rutina, no me alegro de haber vuelto. Al ver el banco, la academia, el bosquecillo, la fábrica, como siempre, a través de las ventanas del bus, pensaba: "No os he echado de menos, podríais haber desaparecido, por lo que a mí respecta".
En plena fiebre, sabes que es mejor estar sana y currar que estar a punto de entrar en ebullición, por muy cómodo que sea tu sofá. Puro sentido común; no hay nada peor que no tener salud. Luego ves que, de todos modos, lo mejor sería estar sana y poder quedarte en casita hasta la hora que te apetezca.
Da igual, porque no hay remedio. No es como en la escuela, cuando te alegrabas de ver a los amiguitos del colegio después de una gripe. Estos días me he sentido bastante indiferente, y no es que no aprecie a algunos de mis compañeros. Simplemente me sentía mejor hace una semana, cuando no tenía que levantarme para ir al curro.
¿De qué me extraño? Son simples pruebas de que estoy en el lugar equivocado. Lo normal en mí. Hasta he vuelto a hacer planes de huida, claro. Con eso se completa mi normalidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario