domingo, 16 de mayo de 2010

Lo que sí me gusta de mi oficina

"De mi oficina", he dicho, no "de mi trabajo", que es precisamente lo que no me gusta.

Estoy rodeada de tecnófobos/as. Son los típicos que se ahogan en un vaso de agua con el ordenador, o que hasta hace cuatro días no habían oído hablar de los mp3 y hasta dentro de un año no tendrán ni noción de lo que es un mp4. Supongo que no les es imprescindible entender de esos temas, o quizá se consideran demasiado mayores y lo ponen todo en manos de sus críos, que suelen desenvolverse mejor con la tecnología.

Yo no es que sea ninguna cría, ya ha llovido desde que puse las manos en mi primer teclado. Seguramente es una ventaja haber crecido con el Spectrum y el Commodore; mi generación, al menos, era bastante curiosa en estos asuntos y perdió el miedo a los chips enseguida. Además, en mi caso, mis padres tuvieron vista suficiente como para pensar que aquello iba a ser el futuro y una Navidad vinieron con el "fistro" en cuestión. A lo mejor es lo más provechoso que me han regalado y estoy más en deuda con ellos de lo que pensaba.

Total, que cuando estoy con alguien mucho más joven, nos entendemos de maravilla cuando la conversación gira hacia estos temas, pero no me sucede exactamente lo mismo en la oficina. Parece que nadie de más de 40 años se las apaña bien; necesitan ayuda frecuentemente y, como tampoco es cuestión de llamar al informático todo el tiempo, acuden a mí. Por supuesto, no siempre puedo solucionar lo que sea, puede ser que se trate de algo demasiado complicado, o que el estropicio esté en la red, y claro, escapa a mis competencias. Ahí ya me rindo y soy yo misma la que llama al profesional.

No me molesta en absoluto que me planteen estas cuestiones; al contrario, me suele halagar un poco, y siempre, siempre agradezco que me saquen de la monotonía del papeleo. Además, la cosa suele ir con el beneplácito del jefe, e incluso es él quien a veces necesita directamente que le solucionen algo.

Ahora bien, la cosa se está ampliando. Últimamente me toca dar charlas de cámaras digitales, resetear teléfonos móviles, informar sobre cables USB para recargar el adminículo portátil de turno, hablar con expertos "reales" de problemas...

No sé, igual si trabajara todo el tiempo en eso me resultaría también un poco aburrido -sin llegar a la mala leche que me produce el papeleo que llena mi jornada-, pero hoy por hoy me gusta. Creo que, más que nada, me gusta el cambio, la variación. La invariabilidad explica que no esté a gusto muchos días de fiesta, porque soy incapaz de descansar haciendo el vago un fin de semana tras otro. Mi verdadero descanso consiste en entretener la neurona con otras cosas, salirme del menú repetitivo de siempre.

Si es que yo no tengo remedio...

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