Y no es que haya sido mala, al contrario, definitivamente se han arreglado varias cosas. Es sólo que siempre estoy suspirando por el fin de semana, por esa hora más de sueño.
Ojalá eso fuera suficiente para hacerme feliz. Mis fines de semana tienen cuatro horas de disfrute y cuarenta y cuatro más repartidas entre el sueño nocturno y el aburrimiento.
Suelo empezar levantándome el sábado entre las 8 y las 9, vagueo un poco, me visto y tomo un desayuno especial de cafetería. Luego me aburro el resto del día, a no ser que por casualidad quede para hacer deporte o me enganche con el procesado de una foto, por ejemplo. No leo libros, porque ya escucho audiolibros en el trayecto a la oficina los días de curro. No veo la tele, aunque muchas veces está encendida para que me haga compañía. No escucho música, ya lo hago mientras trabajo, puesto que me permiten utilizar cascos. Tampoco salgo con amigas/os, y hago mal, pero me agobian (y mucho) los compromisos de quedar por costumbre. Por la noche sí veo un rato la tele, concretamente En Terapia, una serie de la Fox.
El domingo por la mañana preparo yo el desayuno, con chocolate y todo. Luego depende del tiempo, puedo ir a pisar hierba o quedarme en casa mirando la lluvia. Las tardes son bastante parecidas a las de los sábados, pero con cierta tristeza cuando veo que se va acercando la noche y me pregunto qué demonios he hecho con el tiempo otra vez.
Triste, ¿no?
[Todo esto debe de ser normal. Parece ser, según una encuesta a nivel estatal, que un 30% de las mujeres toma ansiolíticos y un 24% antidepresivos.]
No hay comentarios:
Publicar un comentario