Qué poco queda para el verano, y yo sin planificar vacaciones ni nada. Me va a pillar el toro.
En realidad, me apetece poco o nada planificarlas. Siempre puedo acabar volviendo al sitio habitual, que no es muy vistoso, pero allí se respira bien y se descansa.
De momento, lo que deseo que venga es el fin de semana. Cómo no. Me paso la semana soñando con el sábado y el domingo, y esto no es precisamente disfrutar del tiempo. Y luego llega el sábado por la tarde y voy y me deprimo.
Eso no puede ser.
Tengo que cambiar de vida, pero, ¿cómo? En realidad, la aspiración de cualquiera es no hacer nada los fines de semana, sea en casa o sea en la casa del pueblo. Quizá debería salir más, pero la verdad es que no lo disfrutaba mucho de más joven, nunca llegué a entrar en ese juego de ligoteo de bares, no le veía mucho sentido. Soy una especie de autista del ligue: no puedo relacionarme como los demás. O como las demás.
Y luego tengo que oír tonterías como que si no tengo bebés luego lamentaré no haberlos tenido. Pues bien, léase el párrafo anterior: si no soy capaz de animarme a reclutar a un posible padre, ¿cómo podría tenerlos? ¿Tengo un rollo de una noche en un laboratorio, con una probeta? Nah. Y además, no me veo en un papel maternal en absoluto. No paso del nivel "tía que cuida un rato del sobrino". Las responsabilidades a perpetuidad me quedan muy grandes.
El caso es que me sorprende que esa frase estúpida sobre los bebés siga resonando en mi cabeza. Me preocupa que las cosas me afecten tanto, y es que además tengo la impresión de que algunas personas me llevan por donde quieren, orientan demasiado mi vida. Incluso hoy día.
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